MARIA VARGAS

ESCRITORA

María Guadalupe Vargas Blanco



LA REVOLUCIÓN DE LA PLUMA

Hoy se ha rebelado mi pluma
la he tomado con mis manos
para arrancarle la tinta
para exprimirle por gotas
palabras de alegría.

Se sentó la mal dormida
y la jalé de su silla,
no quiso obedecerme
estaba muerta de risa.

La tuve que jalar más fuerte
y sacudirla violenta
nomás no quería pararse
y me enfrentó, la perversa.

"Qué te pasa poeta loca?
¿qué te pasa?
que parte del no, no entiendes?
Déjame descansar un poco
a mí me vale lo que sientes,
poco me importa tu brillo
o que beses el arcoíris.
Sólo me importa descansar
  ¡Y tú, arpía! ¡no me dejas!,

¿Crees que todos
son tu séquito,
cuando estas feliz y plena?

¿Crees que la vida gira
a tu antojo y sin más penas?
¿Ignoras poeta, que el mundo
no sólo eres tú y tus triunfos
ganados en una lid buena?

Yo también
tengo derecho
a cansarme
cómo se cansa el ave,
cuando lucha contra el viento.

Yo también tengo deseos,
de esta noche ir con mi amado,
a pintar en el firmamento
a cabalgar en la luna
 y gritar de aturdimiento.

Y tú, ¡con tu letanía!,
con tus sermones de siempre,
que si yo soy "perezosa "...
Tú de capataz,
bien que te diviertes,
a mi costa,
claro está,
porque tú
 ni tu tinta inviertes.

Es mi sangre
la que exprimes,
es mi sangre
que me duele
pero tu roncas y roncas
cuando en la poesía duermes.

 No soy yo tu propiedad, ¡bah!,
ni siquiera tu musa,
soy el caldo de cultivo
de una revolución justa.

Ya he llamado a otras plumas,
he conspirado con ellas,
les he expuesto argumentos
para que también,
se rebelen ellas.

¡Ya no escribiré más!
lo siento,
las alegrías ajenas,
ni las tuyas,
ni las de nadie,
que nadie sepa en este libro
lo que en tu alma se quema.

¿A quién le importa tu vida?
si no fuera por mi causa
ya hubieras explotado de amor,
o acumulado quimeras...
esas que engordan las venas
y las revientan en penas.

¡Son ya la una, mujer!
y sigues intentando
que yo escriba,
ja jajá ¡ya nunca!
Me cansé de tu saliva,
sin mí, eres poeta nula.

Mañana
a lo mejor me decida...
Mañana,
si me convences,
escribiré tu alegría
de estar abrazada y querida
por el hombre que deseas,
ese que siempre te escucha
que se preocupa de veras,
que te arrulla en sus brazos,
y te estalla de besos santos
y acaricia tu queja,
el que
 cuando estás triste
 no duerme,
sólo por cuidar tus penas.

Duerme ya mujer loca
que mañana
si me convences...”

Ahora, ya la he dejado,
ahora la he comprendido;
una pluma proletaria,
también tiene derecho a sueldo
o a comisiones varias.

Le he comprado más tinta
y un estuche de barro
para que cuando decida,
se una a un sindicato
que con razón milenaria
tire poetas tiranos,
que escupa fuego y consignas
contra poetas,
que no le tratan como humana.

Hoy se ha rebelado mi pluma

la he tomado con mis manos

para arrancarle la tinta

para exprimirle por gotas

palabras de alegría.

Se sentó la mal dormida

y la jalé de su silla,

no quiso obedecerme

estaba muerta de risa.

La tuve que jalar más fuerte

y sacudirla violenta

nomás no quería pararse

y me enfrentó, la perversa.

“Qué te pasa poeta loca?

¿qué te pasa?

que parte del no, no entiendes?

Déjame descansar un poco

a mí me vale lo que sientes,

poco me importa tu brillo

o que beses el arcoíris.

Sólo me importa descansar

  ¡Y tú, arpía! ¡no me dejas!,

¿Crees que todos

son tu séquito,

cuando estas feliz y plena?

¿Crees que la vida gira

a tu antojo y sin más penas?

¿Ignoras poeta, que el mundo

no sólo eres tú y tus triunfos

ganados en una lid buena?

Yo también

tengo derecho

a cansarme

cómo se cansa el ave,

cuando lucha contra el viento.

Yo también tengo deseos,

de esta noche ir con mi amado,

a pintar en el firmamento

a cabalgar en la luna

 y gritar de aturdimiento.

Y tú, ¡con tu letanía!,

con tus sermones de siempre,

que si yo soy “perezosa “…

Tú de capataz,

bien que te diviertes,

a mi costa,

claro está,

porque tú

 ni tu tinta inviertes.

Es mi sangre

la que exprimes,

es mi sangre

que me duele

pero tu roncas y roncas

cuando en la poesía duermes.

 No soy yo tu propiedad, ¡bah!,

ni siquiera tu musa,

soy el caldo de cultivo

de una revolución justa.

Ya he llamado a otras plumas,

he conspirado con ellas,

les he expuesto argumentos

para que también,

se rebelen ellas.

¡Ya no escribiré más!

lo siento,

las alegrías ajenas,

ni las tuyas,

ni las de nadie,

que nadie sepa en este libro

lo que en tu alma se quema.

¿A quién le importa tu vida?

si no fuera por mi causa

ya hubieras explotado de amor,

o acumulado quimeras…

esas que engordan las venas

y las revientan en penas.

¡Son ya la una, mujer!

y sigues intentando

que yo escriba,

ja jajá ¡ya nunca!

Me cansé de tu saliva,

sin mí, eres poeta nula.

Mañana

a lo mejor me decida…

Mañana,

si me convences,

escribiré tu alegría

de estar abrazada y querida

por el hombre que deseas,

ese que siempre te escucha

que se preocupa de veras,

que te arrulla en sus brazos,

y te estalla de besos santos

y acaricia tu queja,

el que

 cuando estás triste

 no duerme,

sólo por cuidar tus penas.

Duerme ya mujer loca

que mañana

si me convences…”

Ahora, ya la he dejado,

ahora la he comprendido;

una pluma proletaria,

también tiene derecho a sueldo

o a comisiones varias.

Le he comprado más tinta

y un estuche de barro

para que cuando decida,

se una a un sindicato

que con razón milenaria

tire poetas tiranos,

que escupa fuego y consignas

contra poetas,

que no le tratan como humana.

MANOS ARTESANAS

Poema
MARÍA VARGAS

Cesto elaborado con espinas,
hipil bordado con las penas,
collar trenzado con asesinas lágrimas.
Vasija de angustias
girando en el torno del olvido.

Sombrero de hambre,
rebozo de exclusión,
servilleta de humillación,
sandalia de árida tierra.

Esculturas
y artefactos
que brotan de las manos
ligeras y sencillas.
Rostros de mi pueblo mexicano
elaborando artesanías.

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