#FEMINAZZI

#FEMINAZZI- El rostro tras la pañoleta


(MARÍA VARGAS)

MARIA GUADALUPE VARGAS BLANCO

Noviembre del 2021

Originaria de Veracruz y avecindada en Valladolid Yucatán, reconoce a la   tierra maya como segunda madre natal.  Es escritora del libro La Poetisa y el Cuentista, (2019) donde plasma historias de sus encuentros y desencuentros con el amor, la patria y la filosofía. Otros libros publicados por la autora son antología de escritores vallisoletanos Vol.II (2020) en coautoría con otros poetas vallisoletanos. En el año   2021 su poema ” Pájaros a la distancia es elegido junto con otros 100 docentes para ser parte del libro ” Épica 100. 100, una lid de guerreros docentes”


 María Vargas
 incursiona en la novela con esta obra en  que intenta romper sus propios moldes de romance, desengaño, tradición y costumbres,  para vivir  y hacer un relato cargado de rebeldía y drama sin dejar de lado el humor y el debate del género humano, en que  unos ondean la bandera de “los buenos” y otros cargan el estigma de “ los malos” que  a veces es sólo las careta del abandono y el egoísmo enfrentados en una lucha interminable. Las protagonistas dos mujeres:

Yaretzi, una niña como cualquiera, con metas y sueños: el rostro, la carne y la sangre de la desigualdad en México, la hija de una sirvienta en la casa de la doctora Alejandra Paredes Alarcón.

 La doctora Alejandra, la antropóloga, la historiadora, una mujer hermosa que daba conferencias alrededor del mundo, con las mejores relaciones en el

 mundo del arte y la ciencia, la escritora de más de 20 libros, graduada en Harvard con honores y activista en defensa de los pueblos originarios; estaba a punto de ser asesinada por su pareja. Yaretzi presenció el atroz momento, ocasionando con ello una cadena de errores y horrores, que dieron un vuelco a su vida. 

#Feminazzi no es una historia feminista, es una historia de razón; de hombres y mujeres apuestan por la supervivencia en medio de la sinrazón, ¿lo lograrán?

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MARIA GUADALUPE VARGAS BLANCO


(MARÍA VARGAS)

#FEMINAZZI.

El rostro tras la pañoleta

CAPITULO I

COLCHÓN DE PULGAS

– Mamá está lloviendo.

Yaretzi llamó a su madre desde su ” cacahuatito”.

Era ya noviembre y Yaretzi veía pasar a toda clase de gente cerca

de su nariz. Unos la atropellaban, otros la empujaban ¿y la combi del transporte público? ni sus luces.

Todos corrían a refugiarse de la lluvia para después de un momento seguir hacia las tiendas que tenían una lona en blanco y rojo. “Buen fin”.

Su madre ordenó:

– Yare ven a verme a casa de la doctora, no puedo salir, está muy mal y, no la puedo dejar así.

– Maaamí.

Expresó Yaretzi a manera de queja. Ella sabía que lo que su madre indicara nunca estaría a discusión. Había ocasiones que a su madre se le ocurría ser democrática y tomar acuerdos. Esos debates entren madre e hija eran una sesión del congreso en la que aprobaban leyes, las anulaban y las reformaban con un voto a favor y uno en contra. Estaba claro que   ese día no habría ocasión ni para una sesión extraordinaria.
Yaretzi dejó el teléfono móvil, lo metió en su mochila escolar, en el que no tenía en esa ocasión más que un juego de ajedrez, una botella de agua y su trofeo, de esos que en “Miranda, la que regala” cuestan 100 pesos; pero para ella habían significado derrotar a los cuatro mayores estrategas ajedrecistas de las mejores escuelas de su pequeño Pueblo Mágico.

En el palacio municipal, en el área del salón de los murales, le habían tomado fotos para la prensa. Para variar y no perder la costumbre, Josefina su madre, no asistió.

 La combi paró, pero no la quiso llevar.
         –Estás muy mojada. 

Dijo el conductor.

Tuvo que ir caminando 15 minutos sorteando los baches, después que amainó la lluvia.

Al llegar a la lujosa casa, (de esas casas con dos plantas, con amplios vitrales de pájaros multicolores, una de esas casas que sólo pueden tener lo ricos, los felices, los que tienen suerte) sus ojos se dirigieron al piso; pues en la puerta, mojado, tembloroso y con los ojos semi abiertos, estaba echado un perrito. Él, al mirarla, levantó con lentitud la cabeza para después cerrar los ojos, dispuesto ya a morir.

 Yaretzi le tocó la peluda cabeza y le miró las heridas en la espalda

– Pareces un colchón y… ¡estás herido! ¿Qué te pasó?

Lo puso cuidadosamente a un lado y tocó el timbre. 

Su madre, con la preocupación reflejada en sus grandes y rasgados ojos mayas  le miró los calcetines, los zapatos, el desteñido suéter,

– ¡Yare, te me vas a enfermar!

Sin hacer caso a las palabras de su madre, Yaretzi levantó al perrito con delicadeza para llevarlo a su regazo. Enseguida, un grito espantoso como venido de ultratumba que profirió su madre, hizo que tirara al perrito.

¡Hija, ese perro está muy sucio! ¡creo que está muerto! ¡puede tener enfermedades, no sé, ¡Rabia, Rotavirus!

– Es Parvovirus mamá.

– ¡Lo que sea! y ¿ahora cómo te baño?

La doctora Alejandra salió al escuchar el grito.

Fina qué pasó?

Josefina desesperada y nerviosa, expuso:

– Nada señora, que mi niña está muy mojada, tiene asma y agarró un perro y yo…. si se enferma no tengo ni para…

La doctora Alejandra se acercó a Yaretzi, le tomó de la mano y se dirigió a ella con voz tierna:

Ven báñate en mi cuarto. Ya se fue mi esposo.

    En ese momento Yaretzi se dio cuenta que algo raro pasaba. La señora, la doctora tenía un ojo más pequeño que el otro, casi morado, entre azul y verde. Tenía un suéter de manga larga y una falda que le llegaba a sus pies descalzos. No era la doctora que siempre había visto; impecablemente maquillada, con sus hermosos zapatos de tacón de estilete, con su blusa de seda. Estaba triste. La doctora Alejandra Paredes Alarcón estaba muy triste…

 Yaretzi se soltó de la mano de la doctora y tomó el perrito:

              – ¿Y él? se muere…”Colchón”…necesita ayuda.

               –Hija, es un colchón, pero de pulgas, ¡mira como está, tiene hasta sarna!

La doctora se dirigió a Josefina:

Mételo Fina, báñalo. Llama a Vladimir, él es veterinario, que venga a curarlo.   Yare báñate, que tu mamá ya está desesperada.

Días después “Colchón” se encontraba en forma. Yaretzi lo adoptó aún con su madre rezongando: 

-Yaretzi, si con trabajo salimos adelante… ¿una boca más?

-Comerá las sobras mami.

– Si sobras de la casa de la doctora comemos.

 ¿No siempre dices que Dios proveerá?

Josefina tragando saliva, aceptó con resignación, era lo menos que podía hacer como premio a las mejores calificaciones de su hija, a los continuos halagos de sus maestros, que veían a Yaretzi como una futura profesionista.  La jovencita era la mejor en oratoria. A sus cortos 15 años había escrito varios ensayos sobre la gastronomía maya y sobre los ritos de algunos pueblos originarios del continente americano.  Había aprendido a leer a los cinco años. Desde cuarto grado les vendía tareas a algunos compañeros, entre ellos a Santi Pallini, el hijo del dueño de un famoso café en el barrio de Sisal quien además era abogado.

Un mes después, mientras envolvían los chachacuajes en su pequeño cuarto rentado de la colonia San Francisco, su madre le comentó que la doctora quería verla. 

Al terminar fue a ver a la doctora a su casa y llevó a Colchón, que gustoso la esperó en el jardín, persiguiendo mariposas   y ladrando a todo aquél que pasaba por la enorme reja de hierro. Mostraba sus blancos dientes y ladraba envalentonado a grandes perros que pasaban amarrados con cadenas. ” Colchón! Abandonaba su “valentía” cuando algún Pitbull o Fila Brasileiro se acercaban al enrejado, amenazando con reventar la cadena si continuaba el hostigamiento de “Colchón”.

Señora y jovencita cada día iban encontrando afinidades. Yaretzi comía galletas, tomaba leche, le leía sus ensayos a la doctora. Alejandra con paciencia le ayudaba a corregir sintácticamente sus escritos, también le regaló una libreta para que Yaretzi escribiera sus guiones y tomara apuntes de sus investigaciones. 

La señora Alejandra le dio algunos “tips” sobre metodología de la investigación para que basara sus escritos en entrevistas y otros instrumentos.  Le dijo entre otras cosas que la podría ayudar a grabar algún documental sobre la historia de los condimentos mayas y mestizos más utilizados en la cocina yucateca, antes que se fuera a Europa a una conferencia magistral. 

        Juntas en la perfumada y limpia recámara vieron series de y documentales sobre historia y animales.  Rieron juntas sobre la incongruencia de las novelas de “Teledivas”. Parodiaron su “vocabulario juvenil”, que intentaba asomarse al mundo de “La Chaviza”. No era ya una amistad, era una confraternidad en la que se compartían secretos y sueños. Secretos que nadie imaginaba y sueños que nadie entendería.

CAPÍTULO II

CELOTIPIA. MOTOR DEL TERROR

    ¿Qué es la celotipia? Investigaba en un blog la doctora.
“Celos competitivos, patológicos, tóxicos…” 

Alejandra Paredes Alarcón cerró la página, tenía mejores cosas que hacer que seguir la terapia de psicólogos y psiquiatras que ni conocía.

No podía de ninguna manera ser ese tipo de celos que veía en su Artemio, su pareja. Los celos de él eran diferentes; de amor, de cuidado.

 “Después de todo si en una relación no hay celos, no hay amor, implica que no le interesas a la persona, la que es dueña de tu cuerpo y de tu vida desde que te casas”.

    La antropóloga analizaba estos sentimientos y le daba vuelta a su historia desde el noviazgo, desde su primera noche de amor apasionado en que al verla desnuda le dijo:

         –Lástima que no eres virgen, una mujer virgen vale mucho.

 Recordó sentirse algo culpable, por no entregarle a él, al amor de su vida su pureza, su castidad, se sintió triste por no poder borrar de un tajo su pasado, pero al borrarlo, borraría a Hunab, su hijo amado. Él era el pequeño que había perdido en el incendio de la guardería, y por lo cual todavía tenía interpuesta una denuncia.


Sus pensamientos se esfumaron para dar pie a menos dolorosos y más positivos,

 en los que veía la pronta resolución de la llegada del agua limpia y gratuita a los indígenas que la llamaban “madre” en su idioma, por ser quien como activista los defendía y les enseñaba sobre leyes y cultivos. Empacó su maleta con sus vestidos bordados característicos de la etnia que tanto admiraba. Se acomodó su collar color turquesa con piedras de jade y sus aretes de bolita que le regaló su abuela Selene; la que antes que los aretes, le había heredado esos hermosos ojos café claro, en los que siempre se dibujaba la esperanza, la ciencia, la responsabilidad personal y ecológica.

Se enderezó y su figura esbelta, de 33 años se reflejó en el espejo.  Artemio era su pareja, por el momento. Sus ojos refulgieron al recordar sus planes: en cuanto consiguiera el divorcio de Antonio Castro se casarían y se irían a vivir a Europa durante un tiempo, el dinero que había conseguido de la venta de la casa herencia de su madre, sería suficiente; mientras Artemio de 27 años era reconocido. 

En segundos, la risa burlona, casi una mueca de Artemio, reflejada en el espejo la sacudió con un temblor.  Él había entrado furtivo o ella sumida en su meditación no lo pudo escuchar abrir la puerta.

– Jajajá ¿de verdad te vas a ir a tu mentada conferencia? ¿a qué? ¿a darte tu arrimón con tus antropólogos?, ¿con tu dizque doctores?

Artemio se sentó en la cama quitándose los zapatos

 -Mi vida, ni vieja se te quita lo facilota. ¿Y ese maquillaje? umm, no pareces ir a una “c o n f e r e n c i a”. ¿Es necesario maquillarte y arreglarte tanto para ir a que te den tus besitos los investigadores?

La risa  del hombre se convirtió un espantoso aullido y su mirada se volvió  vidriosa, depredadora, mientras se levantaba para tomarla del brazo.

    -Mira, he tratado, te juro que he tratado de soportar que te burles de mí.    ¡Quítate esa maldita ropa de india piruja!¡se transparenta!



La voz de Alejandra cada vez era más débil:

   – Pero, es ropa sencilla. Es adecuada, voy a hablar de los dioses y

         la cosmovisión de…

El individuo sin poder contenerse, la aventó con violencia en el lecho de amor.


    -Aah, aah, ya, ¿de manera, que te vas? no te importa si tu

     marido no está de acuerdo.


   Artemio empezó a quitarse los botones de la blanca camisa, sus músculos recios, su altura, su color moreno, su pelo lacio, daban cuenta de su

raza, la raza a la que él pertenecía. Al quitarse el cinturón, Alejandra entendió, se había ganado de nuevo el enojo de Artemio,¡ siempre tenía que hacer algo mal!

         –No cabe duda, siempre haces lo que quieres, y el que acaba pidiendo perdón soy yo, por “ exagerar.”

Le arrancó de un tirón el collar. La doctora con voz quebradiza le increpó:

Amor es un collar ceremonial, hecho de piedras que son muy apreciadas entre nuestra gente.

 La carcajada de Artemio al contestar era de una rara mezcla entre enojo, fastidio y … ¿frustración?

– ¿Tu gente? de verdad que, si no la controlas, no la fumes. Tú de india tienes lo que yo de marica; aunque ya por tu culpa todos creen que lo soy. Me tienes agarrado de los güevos, nomás porque mi música no ha pegado. Eres egoísta, envidiosa, no valoras mi talento. Te dije que me recomendaras con el director de…

 -Te recomendé. Fuiste hasta las audiciones y aunque no te aceptaron, pedí otra oportunidad y te ofrecieron conciertos en París.

    – Migajas, conseguidas de ti, y ¿por eso te voy a seguir como perro

donde vayas? ¿o esperar que regreses cuando se te dé la gana?

    Alejandra contestó con la verdad guardada en su alma y la tristeza de no poder estar junto a él.

-No se trata de eso, los viáticos sólo contemplan un pasaje en avión, no tengo aún el dinero de la venta de la casa y los organizadores sólo contemplaron a grandes personalidades del arte y de la …

Vas a quedarte en un hotel, sola, con esa bola de viejos mañosos.

Eres capaz hasta de pagar a algún chamaco para tener sexo.

          -Por favor, no me trates así, tú sabes que yo solo a ti te quiero.


 Artemio le arrancó la ropa poco a poco; disfrutando, volviendo

 hilachos cada flor bordada, cada listón. Alejandra temblaba como pocas veces, aunque le dijera que la lastimaba no iba a parar.  Decidió volar con sus alas rotas de mariposa mancillada a un lugar muy lejano, a sentarse en el río donde los peces le mordisqueaban los pies, donde poco a poco se sumergía, hasta dejar su pelo rizado muy liso por la humedad y el peso del agua. No estaba ahí, porque dolía, el cuerpo y el alma. La palabra  “no quiero” se murió en su garganta y los gritos interiores hicieron oquedades en las paredes de la habitación.

    – Otra vez fría..¡ seca, como un pinche hielo, ya me hartaste!  ¡Lárgate con tu Antonio! a él si le respondías, ¿con él sí, ¿verdad? ¡Contesta carajo!

    La sacudió con furia, la arrojó al suelo y  buscó algo entre el bolsillo de su pantalón. Al encontrar el cuchillo de obsidiana con resina, lo dirigió hacía la cara de Alejandra, con odio, con coraje guardado por ser Alejandra sacrílega, por haber mancillado   siglos de generaciones en que brillaba la supremacía del hombre, por haber hecho polvo centurias de veneración a la madre, esposa, hija virgen y pura, casi diosa del hogar que se sentaba  horas y horas callada, incólume, ante el sagrado fogón de las tortillas o ¿por lo contrario?



    De pronto, unas garras, unos fieros colmillos sin saber cómo ni de donde salieron, estaban en el cuello de Artemio. El miedo, el terror, se apoderó de él. Colchón se había escapado de los brazos de Yaretzi y estaba despedazando la piel de Artemio. Artemio con una palidez extrema, se dirigió zigzagueante hacia la puerta, donde se encontraba Yaretzi, enseguida se desvaneció. Estaba muerto. 

 Yaretzi muda, con el corazón palpitando por la escena, con las manos frías, con un sudor que la bañaba de pies a cabeza, sólo escuchó que le preguntaba un hombre muy alto


-¿Cómo lo mataste?


CAPITULO III

LA CASA HUELE A SANGRE

    La doctora Alejandra, caminaba por la hermosa habitación blanca,

 blanca por todos lados, hasta el techo, llena de cojines blancos, hasta

 el techo, con ventanas hermosas, cerca del techo.

 Cada ocho horas venía un hombre blanco, con bata blanca, con

 zapatos blancos para inyectarle un elixir mágico con el que viajaba a

 su adolescencia. 


-¡La casa huele a sangre!

La doctora caminaba por la habitación, repitiendo una y otra vez, lo

 mismo.


– La casa huele a sangre…


    Jorge, uno de los mejores amigos de la doctora Alejandra, había

 acudido a su encuentro al enterarse de la tragedia, en su interior bullían miles de preguntas. Sólo tenía la respuesta de los periódicos, de las redes sociales, de los vecinos, de los amigos:  “Indígena asesinado por la amante de su pareja lesbiana” “Activista deja huérfanos a los grupos indígenas, ahora será fácil expropiar sus

 territorios con acuíferos y sus yacimientos”, “Alejandra fue recluida  en un hospital psiquiátrico, no pudo resistir el asesinato de Artemio, se dice que la hija de la sirvienta lo mató”, “Eran una hermosa pareja”

Jorge no conocía bien a bien a Yaretzi, lo poco que sabía de ella no le permitía sacar conclusiones, no acostumbraba tener ideas preconcebidas de las personas; pero lo que sí podía asegurar es que Alejandra no tendría relaciones con una niña, pues ella defendía los derechos de los más débiles, nunca haría algo así.


No lo dejaron verla. Después de su cansado viaje de más de tres horas en avión, regresó al hotel, pero no pudo descansar; su conciencia de investigador, de antropólogo, de irredento rebelde, le decía que la casa de Alejandra guardaba muchos secretos. Sus pies tenían un GPS propio. siempre lo llevaban a dónde no debía, aun en contra de su razón; pero en esta ocasión había un acuerdo extraño  entre sus pies y su cerebro y eso, no lo podía ignorar.


El lugar se encontraba custodiado por policías municipales que platicaban cerca de la puerta de las cotidianidades de su labor para no aburrirse. Los murmullos se escuchaban:

         – Se pasa el wey, cree que soy su gato, me mandó a arrestar sólo porque me dormí en la patrulla. 


Decidido, les preguntó qué había pasado en ese lugar. La respuesta

fue dicha casi como si fuera  una medalla de honor en el  pecho de un policía de élite.

         -¿A poco no sabe? Pues, mi comandante ya aclaró el caso. La hija de la sirvienta mató al querido de la doctora, dicen que se metían horas a su cuarto y cuando el amante  las encontró, pues, no les quedó más remedio que confesar y cómo él se puso violento, la hija de la chacha lo mató. Las huellas, la necropsia de ley, todo concuerda. Caso cerrado.

 –Hoy nos vamos.

 Agregó con aire de superioridad el otro policía.

Una patrulla llegó, quitaron los conos, las cintas amarillas y se alejaron a seguir cuidando a la ciudadanía.


Jorge se quedó por algunos minutos recordando los días felices de las conferencias, el estrés, los viajes con Alejandra. En pocos segundos ya se encontraba saltando el muro, como aquel día en que se fue “de puts u xooc” con Alejandra, en la prepa, para no oír el monólogo de Cayetano Cifuentes, sobre las ondas del sonido. Estaban seguros que Cifuentes no entendía nada, porque

 quien entiende algo no lo explica de manera tan complicada.  Jorge recorrió el jardín frontal y se espinó con un cactus la entrepierna, lo que le hizo insultar su hombría puesta en sus gemelos, que los hubiera querido protegidos como cuando jugaba beisbol.


Increíblemente la puerta principal no tenía seguro, al girar el picaporte, empezó a sentir que le faltaba el aire, pero siguió su camino hacia la recámara. 

No encontraba ningún interruptor de la luz, y tuvo que auxiliarse con su celular. Tropezó con algo…no.…con alguien; era un perrito, sucio, sólo huesos y pellejo. Reconoció su raza, era una mezcla de perro criollo cruzado con Doberman; un perro noble sin duda.

No pudo distinguir claramente la sangre seca en el pelaje canino. Decidió llevárselo, pero antes, lo bañaría. El perro tenía un olor raro que se le quitó al primer chorro de agua y con el champú corporal que había en el baño de la habitación de Alejandra. 

La casa olía a sangre, ¿habría un rastro cerca?




Capítulo IV

    CEAMAY

Las chicas y los chicos estaban separados. Las mujeres dormían en literas y había sectores según las edades.    Antonia Martínez, “La Pocas Nachas”, le había acercado su rostro animalesco a Yaretzi


– ¿Con que…  eres torta?


Yaretzi, casi vomitó al sentir el aliento de ” La Pocas Nachas”. Sin

poder contenerse, la  empujó.

– Tranquis “Pocas”, la Yaretzi es una asesina, no vayas a aparecer en el bote de la basura…

La voz que venía de una esquina de la húmeda habitación se dejó oír era “la Brenda,” que dibujaba  con los dedos en la pared, un rostro.

         -Cómo extraño mis aerosoles, mi pañoleta morada, los colores que brillan en la noche… 

     “La Brenda ” continuó su dibujo y repintó con furia los ojos mientras con la boca apretada murmuraba:

-Los ojos de los malditos dejan de brillar si les echo en la cara mi aerosol

verde, así dejan de desear empleadas, se les cuecen los ojos.


 Continuó hablando “La Brenda”, que en realidad se llamaba Carla Espadas, se centraba en su un monólogo.  En su mente estaba grabado con aerosol brillante el día que el viejo dueño de la Joyería la acusó de robo por no aceptar salir con él. Ella le contó todo a su esposa. Caso raro, la esposa no le creyó y le dijo que no era una niña y bien que le gustaba el dinero, que si afán era quedarse con su esposo estaba muy equivocada. 


En la parte de arriba   de la litera de Yaretzi estaba Martha,  “La

 anoréxica” que se entretenía con una muñeca, hablándole al oído:

         – Pronto vamos a salir de aquí, y te voy a comprar un carro y tu

         Kent, también una casa y mucha ropa.

La “Pocas Nachas” se levantó del suelo y fue jalar el rubio y sedoso

 pelo a Andrea a su litera, Yaretzi la increpó:


 -¡Déjala, no te está haciendo nada!

     Yaretzi había aprendido a defenderse sola desde muy pequeña y

 odiaba el bullying, el acoso y desde que entró al sector B32 como


 asesina, todas le tenían miedo, se rumoraba que era muy peligrosa.


    Eran pocas las palabras que habían salido de su boca desde


 mediados de diciembre.


Una custodia se acercó al sector. Con voz de mando y abriendo la puerta:


– Hey tú, la  13, “Fresona”, tienes visita, tu papá  el abogado PalliniSólo 15 minutos pagó, órale, apúrate, te quedan 14.

Sandra se levantó rápidamente.


Yaretzi, recordó a Santi y sí, tenía el mismo pelo, las mismas cejas pobladas de Sandra. La vergüenza, el dolor, el coraje, se agolparon  en su pecho en forma de latidos.  Si la viera ahora su amigo de la primaria, al que todos burlaban por sus ojos casi cerrados por las largas pestañas, porque era un poco sordo, un poco tímido y un mucho afeminado. La última tarea que le hizo de biología era

 el dibujo de un venado. Su magnífica memoria hizo eco de la voz d sus entrañas:

“Clase:  Mammalia, orden: Artiodactyla, familia: Cervidae, hábitat…”

 Sandra regresó cargada de chocolates, papel higiénico, toallas femeninas, jabón neutro, galletas bizcochitos y una carta de Santi.


Las chicas se abalanzaron sobre la despensa, se peleaban por el jabón y las toallas, mientras Sandra, sin importante la rapiña, leía su carta bajo la litera.


Valladolid, Yucatán a 24 de diciembre de 2013


        Preciosa:


    Ya papá está reuniendo el dinero para los trámites, pronto te          sacaremos de aquí. Mamá no quiere saber nada de ti, dice que tú     te  insinuaste a Armando y que desde el principio te  gustó      su pareja, que son tus faldas cortas las que lo volvieron loco y por eso sucedió lo que tenía que suceder. 
No te preocupes,  Armando sigue en el hospital, está mejor, ya salió de terapia intensiva y vivirá. Tú saldrás libre y nos iremos a Cuernavaca, allá terminaremos de estudiar. Dice papá que no puede quedarse aquí, que desde ahí hará las exportaciones de miel y seguirá ejerciendo. Te mando un gran abrazo y recuerda que tú y yo siempre estaremos juntos”


Santi 

    Yaretzi, por fin tuvo aliento para hablar y  levantó la sucia sábana para ver debajo de la litera a Sandra y le preguntó:


    – ¿Eres hermana de Santi Pallini, de Sisal?


Sandra asintió con la cabeza, mirando a Yaretzi con una mezcla de
 esperanza y miedo.
    -¿ Cómo? ¿ conoces a Santi? él no tiene amigas.
Sandra tenía razón, pensó Yaretzi, después de todo, no se consideraba amiga a una mercenaria de las tareas. Se recostó de nuevo en su litera, decidida a volverse muda para siempre, o hasta que muriera por un golpe de suerte de su destino.
Mientras tanto fuera de la correccional, Josefina acariciaba la cerca
 del edificio que enclaustraba a los menores infractores. Vendía tortillas de mano y no lograba juntar los cinco mil pesos que eran necesarios para ver a Yaretzi. Había pagado los trámites certificado de preparatoria porque  Yaretzi,  lo necesitaría pronto al salir. La inocencia de la ignorancia de muchos seres abruma y fortalece la fe.
Un policía le urgió a irse. El abogado Pallini salía en ese momento. Josefina le ofreció sus tortillas y el alto abogado negó con las manos.Entró en su BMW, su celular sonó de pronto y contestó:
    – Eso me faltaba ¿ Le dijiste que le aumentamos el sueldo?  OK. Ahora lo arreglo.
 Se bajó del coche y  se dirigió a Josefina, que ya se alejaba, con voz
 fuerte:
– ¿Sabe algo de limpieza de casas, señora? Sólo por un día.
– Lavo, plancho, cocino recetas mexicanas y europeas, baño perros, podo jardines, limpio piscinas…


CAPITULO V

LOS DESTINOS SE CRUZAN
    A los pocos días Jorge ya se encontraba viviendo en la colonia
Nueva Xcorazón, en una casa que había rentado por días.
    En el hospital psiquiátrico le informaron que la doctora estaba reaccionando y pronto podría salir. Nadie la había  visitado, sólo Antonio había preguntado por ella. Decidió contactar a un abogado, pues era necesario saber en que circunstancias  estaban los derechos de autor de los libros anteriores en que era coautor con Alejandra y si
 podría cuando menos conseguir un permiso legal para entrar a la
 casa a limpiarla o cerrarla, pues estaba en riesgo.  La había visitado
 de nuevo y temía fuera refugio de malvivientes. 
    La dueña de la casa le dijo que Pallini era su abogado y que le
 parecía honrado, pero sobre  todo sabía que era eficaz.

    Pallini lo citó en la oficina de su casa al enterarse que se trataba
  Jorge Alcocer  Novelo, el antropólogo que Santi admiraba.  
Jorge le comentó el asunto que lo había hecho buscarlo y a su vez
  Pallini le comentó que el caso le interesaba se resolviera  ya que su
 hija se encontraba en la misma celda de la asesina y temían por su
 integridad. Al salir Jorge; Santi, aun con sus mallas de Ballet, lo
 esperaba con un libro para pedirle se lo firmara.
    Pallini se avocó a  estudiar el caso del asesinato de la pareja de la
 doctora. el mismo día pidió informes de la autopsia, en encontró un
 dato interesante: quien había firmado la autopsia no era el que debía
 firmar, no estaba legalmente autorizado. 
El abogado no durmió tres noches seguidas, le atacó una especie de fiebre.
 Josefina tampoco durmió completamente, le llevaba café con canela
 cada cuatro horas. Estuvo en la puerta de la oficina pendiente, veía
 al dueño de la casa muy débil y pálido. Sabía que al abogado lo
 había abandonado su esposa por hombre más joven y que Santi no
 era todo lo ” hombre” que su padre hubiera querido. Mientras
 dormitaba, contaba los billetes que tenía para ver a Yaretzi, “¿Sería
 mucho pedir que el abogado pudiera encargarse del caso de
 Yaretzi?” se preguntaba. “No”, era mucho abuso. Era suficiente
 con que tuviera techo, comida y un salario. Su propia respuesta
 interior boicoteó sus anhelos.


 En el sector b32 hubo una pelea que no fue notificada al abogado
 Pallini, “la Pocas Nachas” había cortado la cara de Yaretzi y había
 herido a Sandra.
Tres días después Pallini citó a Jorge. Mientras maneja al casa del
 abogado, Jorge, se detuvo a  comprar el Diario. ” peligrosa asesina y
 una niña de sociedad presas en el Tutelar de menores, escaparon…”
 Las fotos de Yaretzi y Sandra circulaban por las redes.

Infructuosamente se buscó a Sandra y a Yaretzi, ni los contactos del
 abogado ni las pesquisas de Jorge surtieron efecto. De todas
 maneras a Jorge no le importaban mucho ellas, había descubierto
 que los maestros consideraban a Yaretzi algo violenta, pues cuando
 era amenazada o se burlaban de ella o de otros, empujaba  a sus
 compañeros. Lo que no lo dejaba en paz era que Ale su amiga,
 también había desaparecido 13 días después que las jóvenes y a él
 su confidente su casi hermano en los estudios de investigación de
 campo en la sierra  o en los campamentos, no le había informado
 nada. Algo no andaba bien, “ella era racional y objetiva, incapaz de
 una mala decisión” concluyó para sus adentros.
     La casa fue vendida a un político, que la puso en venta de
 nuevo porque le parecía que tenía un raro olor.  

Colchón atravesó siguiendo una sombra desconocida las ruedas del tren, probablemente no sobrevivió…el viento parecía de noche traer sus ladridos.


VI. REDES SOCIALES. ¿INFORMACIÓN O INFODEMIA?

2019

·#Feminazzi

Vandalismoy-frustración marcan la marcha de mujeres contra-la-violencia-feminicida/


 El 25 de noviembre de 2019. Santi reconoció a Sandra vistiendo una camisa negra entre la multitud de mujeres con los rostros cubiertos con pañoletas que golpeaban a los hombres al pasar y marcaban los muros con símbolos anarquistas. 

Días después, en una red social de Rusia, se viralizaba el  hashtag Feminazzi, como una asociación de defensa a  mujeres asesinadas y violentadas, con sede en Canadá.

https://1.bp.blogspot.com/-2JS_oP_9YWk/XxJQBFsPmlI/AAAAAAAAJQE/gLgTamRq_mgRncBSOiaJjbetrOJpXDk5gCLcBGAsYHQ/s320/FRMAYYOYONG7FPPDDOQMLWE6WA%2B%25281%2529.jpg


Imagen de INFOBAE. Geogina Luna ( 2019). Recuperada de: https://www.infobae.com/america/mexico/2019/11/26/vandalismo-y-frustracion-marcan-la-marcha-de-mujeres-contra-la-violencia-feminicida/ el 17 de julio de 2020.

    El rostro tras la pañoleta de quien había sido captada por las cámaras de seguridad del gobierno no podía ser otro que el de Yaretzi.

 El venado dibujado a carboncillo, marcado con un círculo, un precioso 10 y la firma de la maestra Ana Huitzil, todavía estaban claros en la memoria de Santi. Yaretzi siempre le decía ” te voy a dejar una o dos malas en la tarea de matemáticas, para que no sospeche la maestra y págame a la salida que necesito poner el dinero en la lata de la renta.


 Si esa era Yaretzi, ¿dónde estaba su hermana? Tenía que ir a buscarla , se quitó sus “maillots” y se dirigió a la oficina de su padre, que nadaba entre papeles y  fotos de la casa de Alejandra

Hay una conferencia en México de Jorge, mañana, ¿crees que yo pueda ir? además llega el Bolshoi, creo que me podría quedar unos días más.


    – Santi, Jorge está en Mérida y llega mañana, tomaremos un café  en Sisal… estás mintiendo. ¿Cuál es verdadero motivo porque quieres ir a México? ¿un amiguito? sé discreto… por favor.

Santi no pudo reprimir su angustia y frustración y golpeó con el puño cerrado el escritorio de su padre

– ¡Siempre las formas, los ocultamientos, la reputación, la clasesocial ,el honor de la  familia es en serio papá? ¿en qué mundo vives? ¡eso vale un maldito pepino!

Pallini pensaba darle la noticia con júbilo para abrazarse juntos y estejar que la amada Sandra pronto estaría en casa; pero después  escuchar los reproches de su hijo con   voz baja refugiándose en el arreglo de algunos documentos sólo pudo decir:


 -Armando ya está en la cárcel, por lo que le hizo a Sandra. Tu   madre, que también debería estar ahí, fue absuelta por    “intervención” de algunas de mis amistades. Hubo que cuidar las         formas porque eso afectaba la reputación de ustedes, mis hijos. Pronto tendremos noticias de Sandra, está en     Canadá. Santi… hijo…

 El abogado miró la aplicación del banco de su celular, para esconder una lágrima abrazadora, su hijo mayor probablemente no le daría descendencia, su mujer se había ido con otro que no tenía impotencia. Ella seguramente sería feliz en el bar que administraba junto con Armando, el ex administrador de la mielera “Xunaan Cab”.  Sus ojos verdes aceituna que se empezaban a humedecer se dirigieron a Santi, a ese mismo que nunca acompañó a triunfar en las competencias de baile y festivales de obras de caridad.

– Vé te deposito mañana. Se feliz, a tu manera, encuentra tu camino.

Santi salió de la oficina, era hora de marchar, nada lo detendría si no

 podía luchar por el mismo. lucharía por la vida de su hermana.
    Pallini, se sentó derrotado en el sillón, hablando en voz muy  baja:

 -¿Que he hecho de mi familia?
Josefina, entró con una bandeja que tenía el delicioso aroma del café veracruzano con canela.
         -Señor.
    – Ricardo… Sólo Ricardo Josefina. No soy nadie. No soy nada. ¡Ni siquiera puedo tener cerca de mi maravillosa hija! Ella era la luz de mis ojos. Hasta que ese día le di permiso de ir con su madre y su padrastro a la Finca. Él, ¡ese maldito perro, me la tocó! no se conformó con haber destruido mi casa. ¡Me la mancilló! Mi angelito Josefina… Ahora no sé dónde está.

    – Ella… está bien.


  El abogado Pallini miró a Josefina desconcertado.

” Yaretzi, es  mi hija y está con la suya desde hace muchos años”, quizo contestar Josefina, “yo se dónde está”; pero no lo hizo.  Josefina le había dicho a Santi que Yaretzi era su hija, no se lo podía esconder, desde el primer día se dio cuenta que era la madre de Yaretzi, había ido algunas veces a su casa para pagar la tarea.
Josefina recordó con tristeza cuando Yaretzi le habló a su celular.


– Mamá tengo que irme. Aquí voy a estar toda la vida, ya me dieron auto de formal prisión. una de las chicas amenazó con matar hoy a Sandra; Martha y Carla saldrán pronto.  Vino a verme la doctora Alejandra, nos iremos a Canadá. Colchón está conmigo. No temas. Mamita, ora por mi…” En el nombre de.. “

El timbre del celular de Pallini la volvió a la realidad, una voz se dejó escuchar del otro lado:

      – Señor Pallini, Sandra no vino sola a Canadá. Vino con la doctora Alejandra, Yaretzi Cupul Álverez y otras mujeres prófugas de diversas cárceles de México y  Latinoamérica.    La Doctora Alejandra, que hoy se hace llamar Alondra       Amadeus es la líder de una asociación feminista internacional: #Feminazzi. Diversas instituciones de España y Brasil son sus filiales. Tiene una página en la Control Web y ahí suben videos, documentales, ensayos y todo tipo de material mediático. Son más detreinta mil mujeres que pertenecen a este grupo y sus trasferencias indican que la asociación se dedica al cuidado de mujeres embarazadas por violación o que han sufrido violencia intrafamiliar.  Al parecer se desplazaron     a otropaís.     Investigamos los lugares que dieron en la embajada comodirecciones, pero todas las casas habían sido desocupadas desdehace dos meses, casi en la misma fecha.

 Pallini estaba casi en el punto inicial. 

 Jorge Alcocer llegó el día planeado. Le contó a Pallini que había algo que le había despertado su curiosidad: la casa que había sido de Alejandra, se encontraba en remodelación, el apoderado de una empresaria española la había adquirido. 

Santi, viajaba en el vuelo de la empresa Trip Aerotur. Su compañera de asiento, una curiosa joven ,de pelo rojo, le hizo conversación todo el camino; él le pidió su número de celular, le parecía lo bastante encantadora para una amistad, tal vez la primera  que tenía en años. La comparó con la dulce sonrisa y los pequeños ojos rasgados de Yarezi Cupul. La chica risueña bailaba danza contemporánea e iba con otras chicas a una presentación. Al despedirse, le dio un beso en los labios. La desfachatez y alegría de la joven lo hizo sonrojar…o ¿vibrar? Al bajar del avión se dirigió a una casa en las afueras de CDMX yrentó un pequeño automóvil.

En su corazón estaban grabadas las imágenes de una de las bolsas de una conocida marca de pinturas con la palabra “Sucursal Itzacalco.” Durmió pensando sobre la posibilidad de que cerca de esa sucursal se encontrara viviendo su hermana. Temprano se dirigió al lugar, para preguntar si alguien conocía a una chica con la fisonomía de Sandra, pensaba que con la foto en que ella tenía 15 años sería suficiente.

Por esas intersecciones entre líneas y mundos de vida que las casualidades no explican, Yaretzi, se encontraba en la sucursal, con un vestido de flores rosa mexicano, un chongo simple amarrado con una dona y lentes  obscuros.  

 Santi le preguntó al guardia de seguridad, sin apenas notar a la presencia de Yaretzi en una de las cajas cercanas:

– Disculpe, ¿ha visto a esta muchacha por aquí?

El corazón de Yaretzi le pasó de pronto a la garganta, al estómago, alos oídos, con un itinerario y cambio de lugar, peor del que había tenido todos esos años…

El joven de seguridad apostado en la entrada, le contestó en tono yucateco exagerado

Esa respuesta picaresca le dio una sacudida a su conciencia. Pero, ¿qué hacía él allí?  Sandra le había dicho que era mejor tenerlo alejado. Todo el peso de esos años de búsqueda se le vino encima. 

El muchacho que lo atendió lo miró con preocupación. “Un loco más de los que diario vienen a la tienda”, concluyó para sí.

Sandra le había dicho por un mensaje una única vez desde que se escapó del tutelar  desde un número celular ya bloqueado o  desaparecido que no la buscara que no quería que pasara por lo que ella tuvo que pasar, estaba manchada y que él era lo más limpio que ella tenía. Santi escribía a ese número todos los días para contarle, lo que comía, los progresos en sus clases de violín y de ballet; sobre las noticias y la vez que se tuvo que cortar el pelo porque su papá le dijo que parecía homosexual…

 Ahora, él se empeñaba en hacer un cruce de caminos. Se alejó desesperado del lugar…

¿Cómo se me había ocurrido? se preguntó, golpeando con el puño el mostrador del “Café del fogón ardiente”, ¡CDMX era tan grande! 

Yaretzi decidió decirle a Sandra y a Alejandra que vio Santi, era preciso que supieran que estaban a punto de encontrarlas. 

Sabía que el abogado no la perdonaría por haber ocultado a Sandra.

El día de la marcha que se viralizó, Carla recordaba, mientras se dirigía hacia el Ángel de la Independencia, haber tenido el mismo coraje cuando su jefe le metió una mano en los senos, su  asqueroso aliento le produjo asco y dolor porque sabía que no  podía dejar el trabajo, ella y su padre enfermo lo necesitaban,  instintivamente, como un animal acorralado tomó un aerosol y le

llenó los ojos.  El hombre le dijo a su esposa que lo acusaba porque que la encontró robando. Se quedó sin trabajo y con una demanda a sus cortos 17 años. Mientras ella estaba en el tutelar de menores su padre falleció.

Sandra había tirado una bomba Molotov a una periodista por error, ella sólo quería tirar la puerta del edificio gubernamental, como le había indicado la maestra de la universidad San Joaquín que se les  había unido recientemente a la asociación, aportando un gran capital para la asociación. 

Todo se salió de control. No sabían cómo se había originado la violencia, hubo muchos heridos y no ese era el fin. No reconocían a otras mujeres enmascaras ni en los videos que vieron muchas veces, ¿serían sus filiales de Brasil que mandaron refuerzos sin avisar? ¿Sería alguien desde Brasil? Lo cierto es que estaban en serios aprietos, la policía las buscaba y lo que menos querían era volver a la cárcel.

EL SECRETO DE LA CASA


Jorge llegó puntual a la cafetería “Frida y las mariposas”, un  espacioso local remodelado, que en tiempo de la Guerra de Castas fue una hermosa casa con una fuente en su interior. El café,  estaba decorado con antigüedades, sillas pintadas a mano con imágenes de Frida, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela  y fotos en blanco y negro de los personajes ilustres de Valladolid. 

  El café era cálido y con olor a azahares y rosas del jardín, que cuidaba afanosamente Anastasio Mex, el jardinero y velador del local. 
Rápidamente llamaron al abogado que se secaba las manos pues gustaba de participar en la elaboración de algunos postres como el dulce de siricote y el pan de elote, algo que era una delicia al paladar de los comensales que acudían como si fuera un lugar sagrado en Valladolid.


    Escogieron la mesa más alejada, cerca de las orquídeas Catleyas blancas que se abrazaban al árbol como el abogado se abrazaba a la esperanza de encontrar a su hija.


– Amigo, te tengo excelentes noticias. Am..se que esto no es muy ético pero, bueno, como dice Maquivelo: “el fin justifica los medios”
– Por favor Jorge ya no le des más vueltas, que paso? ¿qué tenemos
?
– Alejandra… tenía una cámara  en su cuarto, ensangrentada, me fue guiando un olor extraño que nunca desaparecía, era  sangre, sangre seca. La cámara no funcionaba, la mandé a reparar y ¿qué crees?  contenía un video con fecha del asesinato de Artemio.  Raúl  Solís extrajo la información y tiene el MP4. Es cierto que asesinaron a Artemio, pero no quién tú te imaginas… 


POLICÍA MILITAR


Gil Martínez, uno de los elementos de la Guardia nacional encargados de izar todos los día la bandera en Palacio Nacional, había visto de cerca a Sandra, él la vio tirar la bomba y también reconoció a algunas mujeres que conformaban un grupo de choque,  por órdenes de sus superiores seguía muy de cerca a Sandra para identificar a los líderes y que respondieran por sus actos ante la

 justicia.  Gil había sido un destacado soldado de la fuerza aérea,

 pero se había dado de baja cuando su madre se encontraba enferma y no podía ir a visitarla, ella había caído en depresión y sólo pedía el regreso de su hijo. Ella no entendía que él no queríaseguir sufriendo en la miseria y la exclusión, pero ¡que más! era la vieja, lo único que le quedaba en ese frío pueblo entre los zapatistas, entre los caciques que le compraban a precio de hambre su café. Lo que más le molestaba era volver ver la cara de don Ignacio Márquez Cortadellas, el latifundista y mayorista de la región al que le había tirado los sacos de café frente a su tienda:

Mejor los tiro antes que vendérSelos a ese precio.

El día que enterró a su madre abandonó sus hectáreas, pues como buitre Don Ignacio le fue a ofrecer 20 mil pesos. Que no aceptó.

Gil volvió a ver a Sandra   muchas veces, una disfrazado de paletero, otra de  vendedor de dulces, luego en su carro fingiendo buscar una dirección.

 -Demasiado bonita para ser una delincuente. 

Pensaba; pero espantaba esos pensamientos con su  café de maíz que degustaba cada día en el ” Café del fogón Ardiente “.

 Un policía militar   sin vicios, con un trabajo y buen sueldo pero con la autoestima más baja que su estatura de escasos 1.65. Su pelo rizado que apenas se notaba con el corte militar y ese color moreno despreciado por la mayoría de las personas era algo que no le gustaba de él mismo. ¿Casarse? claro que lo pensaba, pero era difícil con un trabajo en el que tenía que moverse a distintos estados de la República Mexicana. Una vez lo había intentado y no había salido bien. 

CAPITULO IX. AMSTERDAM 824

Era su día franco y la siguió de todas maneras, siguiendo también el mapa  de su destino. Ya había ubicado la última casa de Alejandra y era hora de actuar, el metro  las dejó a pocas cuadras.

-Son granaderos los que me vieron, pero iba encapuchada, no me

reconocieron…todos son iguales, esclavos del gobierno, del Estado opresor.


Le decía Sandra a Yaretzi, sin darse cuenta que Gil la seguía de cerca, uniformado con la publicidad de una supuesta compañía de  teléfonos celulares. Antes de ser admitido en la fuerza aérea había vendido santos, plantas, rambután y por supuesto medicamentos en los camiones que hacían ver a los ciegos y enderezaban jorobados.

Yaretzi y Sandra entraron furtivamente a una hermosa casa morada con verdes jardines colgantes de la calle Ámsterdam. El número metálico 824, era claro al frente de la casa. Iban vestidas de manera sería y formal, aparentaban mayor edad. Desde dentro, el portón eléctrico negro se abrió. En coche azul marino se encontraba Alejandra, con gafas oscuras y el pelo más corto que de costumbre. Las urgió a subir. Yaretzi se acomodó en el sillón de  enfrente. Sandra atrás con otras dos mujeres.

 Alejandra subió y se dirigió a su apoderada española:

-Véndela Carmen, ya la hemos restaurado y darán el doble de su precio inicial. Transfiere el efectivo a la asociación y como siempre, toma tu comisión.

Gil entró rápidamente repartiendo los folletos, sin dar tiempo de cerrar el portón, activó su GPS que emitía la señal de alarma para que llegaran los demás soldados apostados a dos cuadras de la casa, mientras se ponía enfrente del automóvil obstruyendo su salida. Para él vender, no era problema. 

Nanocell señoritas, es su oportunidad de cambiar de compañía, planes de 50 pesos por dos meses. Cómprenme un plan, miren no he vendido ninguno, para ustedes es un buen fin para mí será un mal fin si no vendo. En la compra de un celular le damos gratis un segundo por igual o menor precio. Equipo gratis en el plan de 500 pesos, incluye el nuevo equipo ZP 1800 el nuevo lanzamiento de la compañía Cristal Yar. Sé que no es muy conocida pero estamos empezando la campaña de lanzamien…

Alejandra sin poderse explicar que hacía el vendedor ahí, lO interrumpió a moviendo sus dos manos negativamente y con fría mirada se dirigió a él:

– ¡Propiedad privada, no ponga un paso más dentro!

  Le dijo su apoderada que lo hiciera salir de manera respetuosa.

– ¡Pero es una gran oportunidad señoritas! Miren, localización…

Carla bajó intempestivamente empuñando su aerosol. Sandra inmediatamente la jaló hacia el coche y se dirigió a  a Gil con voz paciente

-Perdón, es gas pimienta, haga favor de irse, tenemos algo de prisa, venga mañana. 

Le decía lo anterior mientras sus profundos ojos se encontraban con el mar de sueños y recuerdos de Gil. El color café sin tostar cuando iba adquiriendo poco a poco ese color dorado en el comal  de la vieja era idéntico a los ojos de Sandra, su piel tan blanca  como las sábanas del tendedero de su madre al sol, al viento.  Ella olía viento, Sandra era y olía como el viento de los campos cafetaleros.

Sandra miró el rizado pelo de Gil y por un momento  deseó tocarlo y… no sabía porqué. 

 Alejandra arrancó, el portón cerró, tras el automóvil.

En ese momento elementos del ejército  hicieron  presencia en el lugar y comenzaron a interrogarlas. El comandante dio la orden:

No pueden salir de su domicilio, he recibido aviso que son sospechosas de la muerte de Coral Salvatierra, la columnista herida en una marcha feminista, acaba de morir, consigan un abogado, les recomiendo, las presentaremos ante el ministerio público.

Se estrenaba “ La Danza de  los Cisnes” del Bolshoi. Santi  buscó en su aplicación de noticias  la guía de mejores restaurantes

  Debía seguir buscando pero era mejor acompañando, decidió  invitar a la chica que había conocido en el avión, se sentí a muy solo. 

 Pronto sus ojos se encontraron con la noticia del arresto domiciliario de líderes que comandaban a las mujeres que exigían derechos a la equidad y se pusiera un alto a los feminicidios, entre ellas se encontraba Sandra. La visita a la casa de Ámsterdam 824 supliría al Bolshoi.

       Gil era parte de los soldados que cuidaban la puerta de la casa. Esperaba que Sandra saliera para recibir a los que traían la comida diaria o algunas compras del Súper.   Ella lo saludaba de lejos como si tuvieran años de conocerse, con la mirada. En tres días pudo reconocer su peso, su estatura, la forma de sus labios, su voz ronca y fuerte su ancha espalda, pero no  volvió a ver sus rizos bajo el casco.

Santi se bajó apresuradamente de su auto rentado, le preguntó a Gil si podía entrar a la casa porque era amigo de una de las personas arrestadas.

Gil pudo notar el gran parecido con Sandra, parecían gemelos, sin duda. Con calma y sin mostrar su asombro le pidió su credencial del INE o alguna identificación. Santiago Contestó aturdido

– Volveré otro día, sólo era para preguntar.

Gil lo miró de frente mientras le decía: 

-Sandra es su hermana. hay una forma de que la vea, yo la llamaré,

 le pediré su teléfono y usted le avisará que está aquí para que salga. No puedo hacer otra cosa. Me da gusto conocerle. En pocos días recibiremos noticias, espero que alentadoras. Ni su hermana ni sus compañeras son  culpables de la muerte de la periodista. He solicitado audiencia con el presidente de la república y le expondré todas las pruebas.

Santiago contrariado y a la vez emocionado le preguntó:

– ¿Y usted, por qué hace esto?

– Por amor.. a la patria, a la justicia…

CAPÍTULO X

– Señor, perdóneme, perdóneme, Yaretzi, la joven que se llevó a su hija a Canadá es mi hija..

– Fina, pero ¡qué es todo esto!, ¡qué clase de burla! 

– Es que tenía miedo, de perder el trabajo, de denunciar a mi hija, ella no me puede mandar dinero, ella ni siquiera sabe que yo estoy en casa de usted. por favor entiéndame.

– ¿De verdad Fina?, ¿sabes lo que estás diciendo? todo hubiera sido tan fácil, sabes que he pasado años sufriendo en este sillón, años de angustia, de desesperación. He estado al borde de la locura, del suicidio… y tú me sales con esto. No fina, lárgate de aquí,¡ vete!, te deposito el finiquito de tus años de trabajo, pero no quiero verte más , eres la madre de la mujer que me quitó a mi hija, ¡mi hija!

Fina se abrazó del abogado

-Señor ayúdeme a demostrar su inocencia, yo se que Yare  no es capaz…

El abogado le quitó los brazos de su cintura y le dijo con decisión y tristeza.

-Vete fina.

Jorge llegó a la casa del abogado Pallini  y se le hizo extraño no ser recibido por Fina y con algo de té caliente, la casa se encontraba en completo desorden y el Pomerano de Santi olía de manera poco higiénica. Al entrar le preguntó qué pasaba.

El Abogado contestó con los labios apretados desde su sillón:

– Jorge, he corrido a un alacrán que tenía en mi casa… a una maldita traidora sin escrúpulos   

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